El hombre de la magnum falsa

 

Francisco Luján

El Rirri siempre alucinó con la película Duro de matar, donde salía Bruce Willis, y cuando filmaron una de Mario Almada en el barrio, robó la pistola de utilería del actor, un revólver cromado Magnum .44 de cañón largo, con ella asaltó tiendas, vecinos, casas, hasta trató de suicidarse; la presumía en cada peda que asistía y amenazaba a todo aquel que le llevara la contraria o por diversión. Se le veía caminar por el barrio con el arma enfundada en la cintura, su brillo contrastaba con lo mugroso de la ropa. Varias veces se parapetó en su casa y amenazó con disparar a la policía.

El Rirri tuvo que irse a otro barrio cuando la pistola ya no espantaba, en esos lugares se atrevió a vender droga a los raterillos, hasta que le cayeron los contrarios y salió huyendo del lugar, los que pagaron con su vida fueron otros, sus cuerpos aparecieron en los baldíos. La carrera delictiva de altos vuelos no la logró afianzar: infancia es destino; hasta para andar de malandro se necesita testa, el tipo siempre fue de pocas luces desde chico, su única arma era el impulso, aventarse como el Borras.

Al regresar derrotado de sus andancias no asomó las narices por un largo tiempo. Una mañana salió a empeñar el arma y volvió con mandado, a todo mundo le dijo, tal vez esperaba hacer las paces, asegurar a todos que ya no tenía el arma falsa, pero nadie le creyó, nadie volvió a cruzar palabra con él, era una especie de fantasma que deambulaba sin sentido. Ahora, ya con los años encima, es común verlo pedir dinero en el centro de la ciudad, a todo el que se acerca a darle unas monedas le cuenta que él fue un pistolero famoso con un revólver que le pertenecía a Mario Almada, los morros que lo escuchan no saben quién es el actor. A veces paso cerca de él y no me recuerda, solo extiende su mano, no le doy dinero, le digo que lo invito a comer y no acepta; poco a poco, como una plantita en el desierto, se encorva y de su espalda nace una joroba pequeña. En el barrio lo recuerdan como el hombre que tenía la Magnum .44 de un actor famoso de películas de acción, es un chascarrillo en las platicas de borracheras, aunque muchos no sepan el dato exacto de quién era el actor. Algún día le escribiré un corrido con el título: El hombre de la Magnum falsa. Tal vez me ayude a encontrar cuál fue el impulso de robarle al hombre de las balas interminables. Eso era tener huevos.

 

Francisco Luján (Navojoa, 1989), escritor de a veces y cronista a medias. Planea publicar un libro de cuentos policiacos en futuro no muy lejano.

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