El despojo de la creatividad

Texto: Vladimir González Roblero

Foto: Bruno Herley

Uno

Según Richard Florida una nueva clase social ha emergido. Su capital no es la fuerza de trabajo, ni el dinero, ni las propiedades. Es su creatividad. Esta clase se compone de artistas, diseñadores, científicos. Suelen distribuirse en ciudades donde la oferta artística, cultural y académica es importante. Los lugares de concentración son las llamadas ciudades creativas.

Lo anterior se trata de una mutación del capitalismo. Ubica a las ciudades y a sus habitantes en planos distintos, diferenciándolos por su capital simbólico y cultural. El dinero ha dejado de ser su centro. Los procesos de enriquecimiento, de la emergencia de las clases y ciudades creativas, se explican en acontecimientos históricos de larga duración. Si el capital se refiere a la condición artística, cultural y científica, habría que preguntarnos cuándo y dónde comienza su acumulación.

Dos

La imposición de una forma de conocer, la ciencia, es histórica. La institucionalización del conocimiento puede ubicarse hacia el final de la Edad Media, con el surgimiento de la Universidad vinculada a la Iglesia. Ahí nacen los intelectuales quienes, al paso del tiempo, asumen el conocimiento científico como universal.

La otra forma de conocimiento impuesta es el arte. Éste creció a la sombra de la ciencia. El conocimiento racional se impuso desde una lógica instrumental. Paralelamente el arte siguió su propio desarrollo. Su carta de naturalización ocurrió de la mano de Kant y Baumgarten, quienes acuñan la idea de estética como conocimiento sensible. Otro proyecto de Modernidad. Sus lugares de enunciación fueron los talleres y las academias.

Tres

El capital que se expresa a través de la creatividad tiene su origen en el despojo de otras formas de conocer y en la “acumulación originaria” de las sociedades occidentales.

Esa acumulación se ha dado, en un primer momento, a través de la imposición del arte y la ciencia sobre otras formas creativas de relación con el mundo. Edmundo O’Gorman sostiene que mirar la producción estética desde los parámetros occidentales ha dado como resultado la idea de lo monstruoso como opuesto a lo artístico bello.

Algo similar ha sucedido con la ciencia. La imposición de la evidencia empírica y del método científico descalifica al conocimiento tradicional y popular, como la herbolaria e incluso el sentido común.

Pensar en un segundo momento nos conduce hacia las apropiaciones. Las formas creativas occidentales se han apañado de los conocimientos tradicionales y populares, haciéndolos suyos, muchas veces sin reconocer sus aportes. Acumulación.

De este modo, el arte y la ciencia, empresas modernas, han reclamado su derecho legítimo a conocer, apropiándose e imponiéndose sobre el conocimiento mítico, mágico o religioso.

Cuatro

¿Qué ciudades son creativas? Aquellas donde arte y ciencia, a través de sus lugares de enunciación, los espacios académicos y culturales, muestran una gran vitalidad y oferta. Sin embargo otras formas de creatividad, cuyos lugares no son las instituciones, subsisten. Las miradas atentas a la cotidianidad las muestran. La impronta de las culturas popular y originaria aparece en cada resquicio, en los lugares históricos e incluso en los no lugares. Son creatividades-otras.

Los centros culturales tratan de dinamizar la vida citadina desde el relato de las bellas artes. Sus actividades se circunscriben a la presentación y desarrollo de bienes artísticos heredados de la tradición moderna. Pero las ciudades creativas tienen márgenes. Formas de significar y expresar perviven a pesar del olvido de políticas públicas: gestos, ritualidades, coloquialismos, cuentería, maneras de hacer. Reclaman su historia como lugar.

*Vladimir Gonzaléz Roblero: Hizo el fanzine Alipuz y escribió la novela Cinitoporno. Es autor de las columnas Ucronia, de crónicas y relatos: y Zapping, de artículos sobre historia, arte y cultura. Tuitea como @vlatido. Actualmente vive en Tuxtla Gutierrez, Chiapas.

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