El arte de la curiosidad

Foto: Bruno Herley

Vladimir González Roblero

Uno

En 1592 una serpiente llegó a las manos de Aldrovani, un coleccionista italiano. El animal fue exhibido como un dragón, lo que despertó la curiosidad de propios  y extraños.

La curiosidad ha sido uno de los resortes del conocimiento. Ésta se ha vinculado a la construcción de un espacio, a veces religioso, otras lúdico, donde arte y ciencia han compartido fronteras: el museo.

El historiador Gerardo Moreno cita a la especialista en estos temas, Paula Findlen: “en la invención de la curiosidad científica moderna hay una participación crucial del coleccionismo museográfico…” Después: “La práctica del coleccionismo, a su vez, muestra la importancia de la sociedad cortesana en los comienzos de los gabinetes de curiosidades” (Lee más: https://bit.ly/2rWi4z1).

Dos

Una tarde encontré en Netflix la película Handia. La reseña anunciaba: “En 1843, Martín vuelve herido de la guerra a su pueblo natal en el País Vasco y descubre que su hermano es ahora un gigante, al que convierten en una atracción de circo”. Lo primero que pensé fue que era una historia similar a El regreso de Martín Guerre, de Natalie Z. Davis.

Se trata de una película española de 2017 dirigida por por Aitor Arregi y Jon Garaño (mira el tráiler: https://bit.ly/2l4o1dg). Después de ser enviado a la guerra, Martín encuentra que su hermano se ha convertido en un gigante. La pobreza obliga a la familia a exhibirlo como un fenómeno, y cobrar por ello. El morbo como práctica cultural, gesto dirán algunos, abarrotó a decenas de públicos y científicos, quienes lo volvieron famoso.

Detrás de esta atracción por lo diferente se halla el discurso de la condición humana en frontera. La avaricia de la familia, la malsana atracción de los vecinos, el enorme corazón de Joaquín. Lección de vida.

Tres

Hace algunos años solía usar la película Retrato de una pasión (2006) para ejemplificar las categorías estéticas. Protagonizada por Nicole Kidman y Robert Downey Jr, el filme trata sobre la vida de la fotógrafa Diane Arbus (tráiler: https://bit.ly/2IycmKT).

La película, dirigida por Steven Shainberg, muestra el camino de la artista: decidió fotografiar fenómenos o frikis, cual vuelta de tuerca frente a las revistas de sociales y de moda. El amor, ese monstruo, halla aquí una de las expresiones más puras y quizá románticas: no importa la fealdad.

En fin, como contaba, proyectaba la película, también conocida como Fur, con la finalidad de mostrar la belleza de lo feo en el arte y en nuestra cotidianidad.

Cuatro

Chiquita es una novela del escritor cubano Orlando Rodríguez, publicada en 2008 (mira: https://bit.ly/2katZWG). Cuenta la historia de Espiridiona Cenda, artista también cubana, a quien le llamaban liliputiense por su corta estatura. Por esta condición se presentó en circos, teatros y demás lugares, donde se ganó el aplauso y el cariño del público.

Cuando escojo una novela, esa manía, miro en ella las fronteras de la historia y la literatura. Chiquita al igual que Furson biografías donde se impone la ficción, sobre la cual se escancia el pasado del autor. La novela es un guiño a la curiosidad, al gesto frente a los distinto en la sociedad cubana, además de la norteamericana, a donde llegó la actriz para triunfar.

Se trata de representaciones del otro, donde las pasiones humanas, mezquinas o nobles, fluyen como condición de los normales y los distintos.

 

*Vladimir Gonzaléz Roblero: Hizo el fanzine Alipuz y escribió la novela Cinitoporno. Es autor de las columnas Ucronia, de crónicas y relatos: y Zapping, de artículos sobre historia, arte y cultura. Tuitea como @vlatido. Actualmente vive en Tuxtla Gutierrez, Chiapas.

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