Cuando somos jóvenes casi todo el tiempo estamos pensando en eso… en el amor

 

Por Óscar Alarcón (@metaoscar)

Si algo ligero es la primera novela de José Luis Prado. Publicada en Tierra Adentro en 2017 es hasta este 2018 que las presentaciones han comenzado. La preparatoria Emiliano Zapata de la BUAP se ha caracterizado desde hace tiempo por presentar libros y llevar a cabo charlas con autores, y precisamente fue en la prepa mencionada en donde se realizó la primera presentación oficial del libro.

La charla sirvió para que José Luis Prado, Pepe Prado como lo conocemos sus amigos, nos hablara de los temas que abarca su novela, su trabajo como editor y la labor que ha desempeñado a últimas fechas dentro del periodismo.

José Luis Prado. Soy egresado de la Facultad de Filosofía y Letras. No acabo de empezar a escribir, yo empecé a escribir cuando estaba empezando la universidad. Y este libro lo escribí con una beca del estado en el 2010. Empecé a escribirlo como un proyecto de cuentos pero al final lo que andaba pensando es que me gustan mucho los libros que tienen un tratamiento unificado, son cuentos como películas –como París te amo– o como Short Cuts de Carver: la idea de hacer que pequeños textos funcionen –un poco rizomático– que funcionen por sí solos pero a la vez, cuando tengas el libro, se puedan leer como unidad.

El editor que tuve en la Ciudad de México pescó esta idea –porque yo lo propuse como un libro de cuentos– y lo metió en la colección de novela. Platicamos muchas veces –además respeto mucho eso porque como editor te das cuenta de que en efecto la última palabra está en él.

Óscar Alarcón. Como bien mencionas, tu libro puede leerse como un volumen de cuentos, uno puede perderse y hacer un juego de lectura en el que te saltas partes y más adelante regresar a leer lo que te faltó, esa es la experimentación. El libro toca muchos temas, sin embargo, si tuvieras que expresar de qué trata Si algo ligero, qué nos podrías platicar.

José Luis Prado. Tenía una idea al principio en donde quería que la ciudad fuera la protagonista, más que los personajes. Intenté trabajar con eso en los primeros relatos pero después me di cuenta que también me importaba mucho la historia.

Otra de las cosas que me importa mucho –porque es el tipo de literatura que leo, que me gusta y que me fascina– es el asunto metaficcional, es decir, la literatura dentro de la literatura. Con esta idea, lo que en realidad quería hacer era mostrar un poco una novela fragmentaria que va exponiendo el procedimiento de la escritura. Hay un cuento que explica un cuento siguiente, por ejemplo. Es decir: cómo estoy escribiendo este cuento que vas a leer en el siguiente capítulo o en el siguiente cuento. Pensábamos mucho en eso, porque insisto: es el mecanismo narrativo que me interesa.

Algo que también hablé mucho con el editor fueron unos pequeños fragmentos que van dividiendo cada relato o cada capítulo, que son las reflexiones que tienen que ver con el viaje y la escritura, esos eran otros temas que también me interesaban. Básicamente el tema del libro es el viaje y la escritura.

ÓA. “Escribo mientras viajo: viajo para escribir. En la escritura se muestran los huecos. La trama de los signos ordena significados sin mostrarlos, roba instantes en las sombras de los árboles que juegan con el viento y arrastran las hojas azul violáceo. Bordear el camino con la suave claridad de extraviarse. Al paseante solitario le incomodan sobremanera los encuentros. El trato con la gente lo vuelve irreflexivo. Vive de las figuras de su mente: para el que piensa no hay distancias.” (pág. 35) ¿te gusta viajar solo o acompañado?

JLP. Hubo un tiempo que me gustaba mucho viajar solo. Ahora prefiero hacerlo acompañado. Al final queda una idea, como cliché pero que sigue estando ahí, que es la idea del viaje literario, de la geografía, las historias.

Es muy interesante, aunque no se mueva cuando se está leyendo, uno tiene un viaje que recuerda por ejemplo a las lectoras como Ana Karenina o Emma Bovary, que van adquiriendo otras vidas, que son las que van leyendo mientras ellas se mueven en el tren en el Siglo XIX.

Hay un relato que nos cuenta la historia de cómo se va a escribir otro cuento está sucediendo en un autobús. Muchas cosas tienen que ver con eso: despedidas en estaciones de autobús, un viaje de una familia migrante. El borde geográfico es un tema que me interesa mucho, la no pertenencia en ciertos sitios.

ÓA. ¿Qué diferencia encuentras entre un viaje y un paseo?

JLP. Pienso mucho en el paseo como algo más individual, puede ser una distancia cercana, salir a rodear el fraccionamiento en donde vivo pero en estos pequeños espacios donde vas solo hay ciertas ideas que se van acomodando en donde te asalta una idea. A diferencia del viaje, que sí creo que es algo mucho más de traslado geográfico, compartiendo con alguien.

A mí me gusta mucho la idea del paseo. Pienso mucho en una tradición de escritores, una tradición de la literatura que tiene que ver con el paseo. Desde Robert Stevenson que tiene un librito, Robert Walser que tiene un libro que se llama El paseo y que no tiene nada más que eso: los instantes de una caminata. O Luigi Amara ahora con A pie. Este tipo de literatura también la pensaba mucho, una especie de pretensión muy mía de poder estar muy cerca a ese tipo de libros.

ÓA. ¿Qué barrios o calles de la ciudad de Puebla te gustan para pasear?

JLP. A mí me gusta mucho el centro. Además, yo no vivo en el centro, vivo un poco más en la periferia. Hay ciertas zonas del centro que me gusta bordear, caminar. No digo perderme porque conozco la ciudad perfectamente –y no me pierdo– pero con esta decisión de ir y caminar únicamente: me gusta caminar por Reforma, meterme por la 2. Creo que todavía el centro tiene cierta seguridad en donde uno puede caminar por la noche o en el día.

Estaba pensando en algo: justamente era lo que pasaba con Robert Walser, que en efecto era un escritor que era amante del paseo como decías. Es muy interesante porque resulta que sus últimos escritos los hizo en pequeñas hojas de papel o pequeños fragmentos y todo eso lo conocemos gracias a su editor. Y otra vez la importancia de esta figura, que es el editor.

Vemos al escritor siempre puesto pero quién está detrás de él. Uno se sienta a escribirlo pero hay todo un trabajo detrás y quiero hablar un poco de esto: Jimena Barrañón Salmón fue la editora, con quien cerré el libro, me parece una mujer muy buena, muy atinada.

Robert Walser tenía un amigo, que era Carl Seelig quien fue su editor y él lo iba a visitar a un hospital psiquiátrico –que fue donde pasó los últimos años– en donde muere. Pero toda la gran literatura que tenemos de Robert Walser se la debemos a Carl Seelig, un poco lo que pasa con Max Brod y Kafka.

ÓA. ¿Cómo fue el diálogo con tu editora de Tierra Adentro y cuáles fueron los pasos que seguiste para que se publicara después de haber escrito la novela?

JLP. Es una especie de necedad que tiene el escritor de decir cosas y de verlas plasmadas. No es tan sencillo como pudiera parecer “hoy tengo una novela, hoy tengo un libro de cuentos, uno de ensayos”. Todo el asunto de decidir en dónde quieres ver tu libro –y eso sí lo quiero comentar– desde que empecé a escribir el primer cuento dije “este libro lo quiero en Tierra Adentro” y soy muy necio y no paraba hasta que lo cambié de editores varias veces. Es una locura pero me parece que Tierra Adentro es una de las grandes plataformas. Muchos de los escritores que ahora reconocemos, como Alberto Chimal, Yuri Herrera, Carlos Velázquez, estuvieron ahí.

Cuando me toca trabajar con Jimena la relación es vía mail porque cambiaron de editor una vez más en Tierra Adentro. Me llama ella a principio de año y me dice “me toca cerrar tu libro” y yo dije “genial, ya va a salir” y ella me dice “no… lo voy a leer”. Entonces me pide que vaya a México, para mí fue un poquito complicado –porque el periodismo es día a día a día– y la relación fue vía mail, ir y venir, revisar, estar de acuerdo. Es interesante porque te das cuenta de algunas cosas que ya no ves como escritor y lo hace evidente el editor.

Pasa lo mismo en el trabajo del periodismo, cuando el reportero manda la nota y al otro día la ve publicada y dice “yo no había entrado por ahí, yo decía otra cosa”. Lo que hace el editor es eso: modular la información para soltarla. En el caso literario es menos pero sí hay un trabajo de ese tipo.

ÓA. Hablando del periodismo, considero que éste tiene un carácter mucho más social, que busca que todo mundo lo pueda leer y la literatura tiene otro temperamento, uno más íntimo. ¿En algún momento tu trabajo periodístico te ha ayudado en tu labor narrativa?

JLP. Tengo poco tiempo en el periodismo pero me ha ayudado la distancia que genera. Este libro tiene muchos tratamientos con narradores, trabajo mucho en ello y me interesa la idea de “la literatura existe, los temas están ahí, son los mismos. No hay nada nuevo qué buscar”. Lo que sí creo que hay que buscar es cómo cuento la historia. A mí me interesan mucho las focalizaciones, quién está viendo la historia.

Lo que el periodismo me está dando es empezar a quitar, a quitar, a quitar. Eso tiene mucho que ver con escritores que tenían la línea del periodismo, por ejemplo Hemingway, el padre de la punta del iceberg: cuento una historia pero sin decir qué es lo que exactamente quiero contar. Eso me parece que es una herramienta que el periodismo le dio: empezar a quitar paja y dejar lo más significativo en las historias. Ahora que he estado escribiendo cosas recientes me doy cuenta de eso. Es muy diferente el tono, el modo de acercarme a la historia.

ÓA. “Recordé unos apuntes. Un niño que representaba una esperanza decidió un buen día esconderse. Se decía que ocultándose sería pasajeramente valioso. Salir a dar un paseo con ilusión vital es como refugiarse en la sombra de la ausencia” (pág. 41). ¿Qué es para ti la soledad?

JLP. Esto también parece un cliché: “me gusta estar solo” o el escritor está ahí metido en un espacio. Esta sensación de sentirse solo en medio de tanta gente que le pasa no sólo a muchos escritores sino a muchos artistas, de pronto sienten que no tienen vasos comunicantes con otras personas. Por ahí va más la idea de sentir soledad contemporánea. Una soledad de comunicación, de preocupación de ciertas cosas que no se pueden dialogar. Lo siento más por ahí.

Incluso a nivel literario. Lo que está sucediendo en Puebla –que a mí me da mucho gusto que se esté volteando a ver a Puebla, que se estén haciendo cosas, que venga gente a dar talleres– y que de pronto uno sienta una tremenda soledad. Hay pocos autores que tienen un registro similar. Hay muchos autores que tratan muchos temas parecidos pero digamos que el registro, los intereses lectores –que para mí también eso es fundamental: la lectura, el modo de dialogar, que terminas dialogando con autores del siglo pasado, por ejemplo– me cuesta sentarme a hablar con mis contemporáneos. Bueno, con algunos.

ÓA. ¿Qué es el amor?

JLP. Bueno, esta es una pregunta capciosa. Es interesante porque creo que todos sentimos esta sensación pero lo que me he dado cuenta es que tiene diferentes tonalidades o diferente fuerza. Uno cuando es joven tiene un arranque, una impaciencia, una cosa que nos mueve y después esto se va relajando.

No es que uno no ame porque la sensación está ahí: la sensación de compartir, la sensación de hacer cosas juntos, para mí el amor es compartirme y compartir lo que hace el otro. Insisto, la medida como que se relaja, porque uno está haciendo muchas más cosas. Cuando somos jóvenes casi todo el tiempo estamos pensando en eso… en el amor.

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