Crónica de un Auto-Exilio

Kevin Ley

10 am. Entrego un trabajo final para una clase de mi universidad. Rafael Evans me marca y me invita a Hermosillo, que van a presentar Entrevista con el poeta de Carlos Sánchez y que hay lugar en la van. Pues fuga. Dejo mi auto estacionado, de todos modos volveré en unas horas por él. Los encuentro y veo al Colectivo Independiente Punto Tres y a Carlos Padilla. Los saludo y tomamos carretera. Hablar de cosas de carretera con un director de teatro y un escritor, seguirles el ritmo sin parecer demasiado ignorante. Hablar mucho sobre cosas que ya no recuerdo porque así pasa con los temas que de verdad importan. Llegamos a Hermosillo y ocurren cosas sin importancia. Lo que importa es lo que estoy por contar. 6 pm. Jamás había estado en la FELIH, Carlos Padilla y yo hablamos sobre la ubicación de este año, localizada fuera del palacio de gobierno, en el centro histórico. Nos pareció que, al modo, Sonora sigue creyendo en la cultura como una perdida y no una inversión. Una feria del libro hecha de carpas calurosas en la ciudad del sol, en el mero y rotundo sol. Que locura. Aparte aquí llueve cuando menos uno espera y de pronto se mojan libros, como ocurrió en la pasada FELIH. En fin, dejé de juzgar y me puse mis ojos de niño. Me adentré en las tiendas en busca del libro que inconsciente de sí esperaba que lo encontrara. Pobre de mí. Recorrí los estantes y nada. Nada que no encontrara en Gandhi o Porrúa. ¿Para qué es la feria si no para encontrar los libros que no encontrarías en otra parte? Bueno. Tardé menos de la hora en recorrer todos los estantes y las cajas y los espacios que por experiencia sé muy bien que puede haber algún autor poco conocido que tiene un verso olvidado con la verdad del universo. No encontré nada. Salí a escuchar el discurso de inauguración. 7 pm. No nombraré nada sobre políticos, no aquí. Habla el homenajeado, el Dr. Francisco González Gaxiola habla lo suficiente como para quedar conmovidos. Siguen hablando pero Carlos Padilla y yo nos vamos a Culturas Populares. 7:45 pm. Esperamos la presentación de Entrevista con el poeta. 8 pm. Aparece en el escenario cinco jóvenes. Bajan hasta las sillas del público. ¿Cómo se llama el amor de su vida? Preguntan a los espectadores. Los que van con su pareja, dicen el nombre de ella o él. Entonces escriben con gis blanco sobre la pared negra el nombre del amor de esa persona y siguen con la siguiente hasta acabar con las personas y con la pared negra. Colectivo Independiente Punto Tres y Carlos Sánchez en un corazón blanco sobre el fondo negro. Están los cinco en el escenario y comienza la lectura dramatizada de Entrevista con el poeta. No hablaré de cosas que no puedo explicar (normalmente no puedo explicar con palabras lo que veo en la puesta en escena del colectivo), solo diré que hay que verlo. Lo que sí diré, es que el texto es maravilloso. Más que una entrevista, una charla/discusión/pelea. El reclamo del abandono, el autoexilio. El poeta que vino a estarse de luto porque pudo. Porque si no lo decía él, poeta de su hora y de su tiempo se le vendría abajo el alma, de vergüenza por haberse callado. El rotundo autoexilio de la vergüenza de ser tú en tu tierra. Hombre, joto, marica, puto, y poeta mayor. Habrá de huir del origen de sus poemas. Pero, ha de volver, quizá por una última charla/discusión/pelea para llamarla entrevista y que, el poeta y el discípulo Carlos Sánchez, como ultima encomienda, le pide contar su historia. Habrá de pasar casi 20 años, pero aquí está. Una charla/discusión/pelea tan bella, que recuerda ese amor profundo y fugaz que huye terriblemente como poeta de su tierra. Estamos aquí, en el medio del desierto contando una historia de amor y de exilios por amar (amamos siempre lo prohibido y en lo prohibido encontramos lo fugaz). Cuatro jóvenes, no cinco, en el escenario con cuatro sillas y botellas vacías hablando desde casas habitaciones del recuerdo de hace 20 años. Qué maravilla. Porque yo también fui un reclamo, un “¿por qué te fuiste?” y porque también fui fugaz. Esta es una historia sobre amor y una entrevista con un poeta.

Pero mejor lean el libro. Acaba la lectura dramatizada y Rafael Evans y Cocó Ramírez presentan (ya de forma convencional) la obra. Pero después de aquello, ¿qué más se va a decir?, si como les digo, hay algo tan real ahí que excede el lenguaje y me limito a decir “está chilo”. En fin, lo canónico es que otro hable sobre el texto de otro y otro escuche. Al final, hay un espacio para preguntas y respuestas pero ya conté lo que quería contar así que terminaré con esto. 9 pm. Regresamos a Obregón. 12 pm. Los del colectivo me dejan allí donde dejé mi auto, enseguida de mi universidad, pero no está. Ahora me pregunto si todo esto valió la pena. ¿Lo valió?

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