Con la cámara en las manos

El humo en los ojo I, foto de Socorro González

Rescatamos esta entrevista con Socorro González, para que la memoria no nos falle, porque un día la publicamos en mamborock, pero un día los dueños del espacio en la red, nos decomisaron todo. Hoy que estamos de vuelta, compartimos esta conversación, lo seguiremos haciendo, con otras entrevistas que consideramos valiosas, necesarias.

Carlos Sánchez

Intromisiones es la acción de irrumpir, de asomarse, de indagar. Socorro González lo hace desde muchos años ya. Y en su ejercicio de intromisión el acto se diversifica a través del pincel, la palabra, el video, la fotografía.

En esta ocasión el disparo desde su cámara le ha hecho formar la exposición cuyo título es Intromisiones, y la cual se exhibe en Instituto Tecnológico Superior de Puerto Peñasco, y es en el marco de Fotoseptiembre, festival de la imagen, coordinado por Instituto Sonorense de Cultura.

Aquí una conversación con el autor respecto de los argumentos para la fotografía:

–¿Por qué retratar la madrugada?

Esa serie más bien es una representación de la madrugada, de ese momento al que llamamos así, de esas horas. En la secuencia, formada por cinco fotografías, hice un ejercicio de superponer tres exposiciones, con la idea de generar un instante que realmente no existió. Disfruta la quietud de las cosas, como de pronto todo tiene un momento de calma y se detiene, en actitud contemplativa. La certeza de esos momentos ocurre frecuentemente en las madrugadas, todo es como un murmullo en esas horas. Puedes escuchar el viento entre las hojas de los árboles, el trinar de ciertas aves, tu respiración. Es cuando “ladran los perros del amanecer” diría Joaquín Sabina. Esa quietud es lo que quiero rescatar con estas composiciones, con esos caballos que dormitan, con esas camionetas viejas entre la niebla, con esa hierba… lo difuso, lo que pierde claridad con la llegada del día y la noche que se aleja.

–¿Por qué disparar hacia el cielo, cuando parece que está muchas veces visto ya?

Definitivamente por gusto. No es tanto el cielo, considero… los cielos planos y azules son como vacíos para mí. No son lo mío. Lo que me inquieta y atrae realmente son las nubes y sus formas complejas, su misterio, su ruido lejano, sus batallas internas. Me cautiva su apariencia estática en la lejanía, como si sólo de embellecimiento se tratara. Yo no busco esas nubes del paisaje tradicional, donde todo es bello y resplandeciente, en alto contraste, esas nubes que muchas veces llamamos “las puertas del cielo”, que sí, son muy bellas pero en definitiva ese cielo no me interesa.

–¿A qué le apuestas cuando tomas la cámara en tus manos?

A quedar conforme con una fotografía, al menos una vez. Siempre reniego internamente de mis disparos, de mis exposiciones. No sé si sería correcto tomar la foto y pensar “qué chingona me quedó esta foto”; creo que esto nunca sucederá conmigo… Ya después, cuando reviso con la idea de formar una línea narrativa o un concepto, empiezo a reconsiderar lo que había capturado, a rescatar imágenes. Tener la cámara en las manos es todo un reto para mí, ya que trabajo desde la incertidumbre y entonces tomar la foto es como esa ventana que se abre… no importa si no encuentres mucha sustancia al abrirse de par en par… lo importante es que se abrió donde tú lo quisiste.

¿Qué significa mostrar tu trabajo al público?

Es difícil pero es bello. He tenido tres exposiciones importantes en mi vida, dos de gráfica y esta de fotografía. La primera fue en un bar que ya no existe en Hermosillo, no recuerdo ni su nombre, pero tuvo buen ambiente el tiempo que duró ahí frente a Catedral, por el Blvd. Hidalgo. Fue en el primer festival de cortometrajes que realizamos, cuando homenajeamos a Isela Vega.

La segunda fue en La Habana Cuba, la más difícil sin duda, porque era en otro país, porque había mucha gente importante, artistas, intelectuales, críticos, hasta diplomáticos viendo el trabajo de un principiante de veintitantos años. Fue un acontecimiento esa exposición.

Esta es la primera de foto y fue otro acontecimiento para mí, que debo agradecer a Zacarías Páez Casanova, actual Coordinador de Artes Visuales del Instituto Sonorense de Cultura por haberme invitado, sinceramente era algo que no me esperaba. Y por supuesto a Nina Mier, por estar siempre ahí, al pie del cañón, como ese motorcito que mueve todo. El trabajo expuesto gustó, muchos de los asistentes me lo dijeron, con sinceridad; gustó pese a que me sentía preocupado, porque sí estoy consciente de que la propuesta es diferente a lo que comúnmente reconocemos y admiramos como paisaje.

–¿Qué se siente ser hoy tú el protagonista, y no muchos de ellos a los que han apoyado desde cine club Primera Toma, referencia en el estado de promotores de arte?

Pues se siente bien, extraño, pero bien… agradable. Satisfecho, sobre todo por esos comentarios que la gente hace sobre tu trabajo, ese valor que le dan aunque fue una exposición modesta pero cuidada.

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