Ciudad marchita

L. Carlos Sánchez

Frente a una ventana. Margot, vestida de negro, con rebozo en su cabeza, contempla al exterior mientras escucha y conversa con la radio.

El locutor informa: Para hoy el temporal no tiene variantes, los mismos grados centígrados que ayer. Ya se nos calentó el terreno, literal. En información que no es novedosa, dos mantas de color azul fueron encontradas a la orilla del camino terroso que va a Los guachaporis. Dicen que cubrían cuerpos, para que no les perturbara el sereno. Buenos días mi tierra santa, aquí va esta rolita para que despierten junto conmigo.

Suena una canción de banda. Margot mira con desolación, medita como si la melodía le trajera algún recuerdo.

Margot: Dios nos agarre confesados. Ya todo el pueblo está marchito. Ni los niños ni las vecinas, no se ve una sola alma en la calle, ya nadie está seguro. ¿A poco ya van a dar las siete? Qué más da la hora, si ya ni puede uno ir a la iglesia, no sea que se atraviese cualquiera de esos autos cargado de hombres y balas. Ni al changarro siquiera, esas nuevas pestes que nos atacan ahora ya no nos dejan ser libres, si hay necesidad de salir es de a rapidito, y con la cara tapada, tanta curiosidad que me daba siempre ver en la tele a esas mujeres con el rostro cubierto, a mis años y después de tanto tiempo, entiendo para qué se debe uno cubrir como si fuera una vergüenza enseñarse con los otros y que nos vean. (Margot pone atención a lo que dice la radio). ¿Cuántos muertos dicen que van? Dios mío hazme de ti la fe más poderosa, que no me olvide yo de los tiempos de procesión, de cuando las calles eran nuestras, de las fiestas del pueblo ahora disque convertido en ciudad, dame esperanza, Dios, por favor, avísame con un relámpago, ilumíname, dime que esto pasará. Que es urgente salir del encierro, recorrer el camino de aquí hasta allá, contar los pasos, disfrutarlos, valorar todo lo que teníamos y que nos han arrebatado. ¿Quién o quiénes? Solo tú lo sabes, son estos o aquellos. Mira mi Dios, ya el capulín perdió su belleza, ni su sombra que nos cobijaba cuando volvíamos de catecismo o de la escuela. Cuántas historias nuestras atestiguó. Y callado, siempre callado. Como hasta ahora que resiste, en silencio, como si le doliera toda esta realidad. La misma realidad del campo que cada vez florece menos. ¿Dónde vemos ahora esa fiesta de la vendimia? Ya de las góndolas y su paso por las calles solo el recuerdo queda. ¿Acuérdate mi Dios cómo nos bañábamos de uvas? Era un baile feliz con música de viento. Nada se parecen esas canciones que ahora ponen en la radio. (Margot se dirige a la radio). Sí, de ti estoy hablando, nada que no sea cierto. Ay te la llevas diciendo tonterías y aullando como coyote huérfano. Ay Dios mío sacramentado, perdóname por lo de huérfano, pobrecitos todos esos que han quedado en el desamparo desde que vinieron a acabar con el orden los de la mafia, con sus rifles y pistolas. Cómo han aplastado a la ciudad. A gente joven se están llevando, Dios mío. Ya no podemos salir ni a la tienda, todo el día y la santa noche, rece y rece, a medio dormir y estamos con el Jesús en la boca. ¿Cuándo íbamos a creer que esto iba a pasar aquí?, donde todos convivíamos, éramos una sola familia. (A la radio). Ya cállate tú, puras mentiras, ¿cómo va a ser posible que tanto muerto ande por la calle, así como así? Si fuera cierto, alguien tendría que pararlo. Ya lo hubieran hecho los del gobierno. Son puros argüendes para que se asuste uno y no quiera ya ni asomar las narices a la ventana.

El locutor comenta: Recibimos el informe de protección civil y lo compartimos con usted para que esté bien informado de las medidas de precaución. El informe dice que, debido al aumento de muertos por infección de la pandemia, el horario de circulación se reduce, quedando establecido que solo se permitirá transitar de seis de la mañana a seis de la tarde. Así que estamos todos advertidos, obedecemos o ya cada quien sufrirá las consecuencias.

Margot: ¿Cuáles consecuencias oye? Como si no tuviera uno suficiente con tanto encierro, a ver: ¿quién carajos va ir por los huevos y la leche? Y los niños qué van a saber de horarios, las criaturas solo piden de comer. No si no lo digo por mí, lo digo por todas esas mujeres testarudas que van por la vida llenas de chamacos, inocentes criaturas. Para lo que yo necesito pues ai me las voy barajando. Los perros que salgan y busquen, ¿los pájaros? A esos cualquier rato les abro la jaula para que de una vez agarren su vuelo, tampoco me tienen tan contenta de estar cague y cague y chillando a deshoras, si no fuera porque son herencia de mi madre, desde cuándo se hubieran ido hechos a mocha. (Margot mira con detenimiento hacia la calle). Tan bonitas las mañanas cuando pasan los niños a la escuela. Ahora todo está desolado. ¿Hasta cuándo volverán los días normales? Dios mío, apenas tú lo sabes. (Margot se sienta, se mece sobre la silla y tararea una canción. Oscuro).

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