Category Archives: cuento

Crónica del Rancho Grande

 

A las “Crónicas imaginarias” de Juan Villoro.

 “El día en que yo me muera

no voy a llevarme nada

hay que darle gusto al gusto

la vida pronto se acaba[…]”

“Un puño de tierra”. Antonio Aguilar. Seguir Leyendo

Ficciones breves

 

Foto: Julio Saucedo.

 

El lado B de las cosas

El dictador mandó a montar unos espectaculares donde aparecía ayudando a un par de obreros. Con las mangas de la camisola recogidas, sonreía para la cámara, mientras uno de los trabajadores lo tomaba del hombro y con la otra mano levantaba el pulgar.

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La gata imprevista

Apunte de Alfredo Acedo

Luis Álvarez Beltrán

Ella sólo miraba. Su cara de angora vulgar me fastidiaba el rato. ¿Quién era ella para estar allí en ese momento? Corrijo: ¿Quién chingados era ella para estar ahí en ese momento, fastidiándome el rato? Seguir Leyendo

Carne y madera

Jesús Montalvo

Aunque Collodi nunca lo dijo, los eventos ocurrieron de un modo muy distinto.

Ahora que salen a la luz estas páginas castigadas por el tiempo, halladas en el baúl de una casucha en Italia, ¿se trastocará el imaginario colectivo respecto a la versión marcada hasta la fecha como oficial? Quizá no, Seguir Leyendo

La noche de la rosas

Tania Yareli Rocha Hernández

Hacía tiempo había un castillo de murallas impenetrables y numerosos pasillos, coronando con elegancia la colina más alta de Villa Escondida. Y aunque la torre principal era gloriosa y eminente, solo pocos se atrevían a entrar, debido a que el espíritu de la princesa Anell rondaba por el lugar.

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El telépata

Lénin Guerrero

Hace días Hans Kramer, el telépata, dio con mi taller. Lo noté disgustado según adiviné por haber dado más de tres vueltas en su bocho cromado para encontrarme, quizá por eso fue directo al grano diciéndome que últimamente ha tenido problemas con su conexión inalámbrica a internet. Seguir Leyendo

Lo ojos de mi tío josé

Carlos Sánchez

Prendíamos la televisión. En blanco y negro, de bulbos. La pantalla ovalada se llenaba con la capa blanca sobre la espalda del luchador. Empezaba la función y había palomitas. Los ojos de mi tío José, también blancos, permanecían plenos de emoción. Seguir Leyendo