Buenos salvajes. Seis poetas de Sonora en su poesía, de Álex Ramírez-Arballo

El dolor por volver a casa

 

Redacción.- “La patria no es más que un campamento en el desierto”, reza un texto tibetano. Yo no voy tan lejos: daría todos los paisajes del mundo por el de mi infancia. Y aún me falta agregar que, si hago de él un paraíso, las prestidigitaciones o deficiencias de mi memoria son las únicas responsables. A todos nos persiguen nuestros orígenes.

Emil Cioran

 

Con este epígrafe (clave de lectura) abre el Dr. Álex Ramírez-Arballo (Guaymas, Sonora, 1976) el libro que nos ocupa, ganador del Concurso del Libro Sonorense 2017 en la categoría de ensayo. Una pequeña obra maestra del diálogo incesante que es este género literario inaugurado por Montaigne. ¿Será que acaso Ramírez tiene la insana costumbre de hablar solo? Diálogo interno del poderoso poeta Álex, este libro nace como Atenea, adulta, vestida y armada. Y ha sido del cráneo de su padre de donde ha nacido, merced a un hachazo de Hefesto.

Una de las constantes de estos seis poetas (además de su origen sonorense y su calidad de vehementes oficiantes de la palabra) es su nostalgia por los orígenes. Nostalgia (del griego Nostos: casa y Algia: dolor) que es un volver a los orígenes de una casa y una madre que ya no está.

Análisis puntual y sustentado teóricamente, es una búsqueda de biosímbolos (término acuñado por el autor), donde importa no sólo el texto poético de estas seis buenas bestias: Abigael Bohórquez, Miguel Manríquez, Julio Ernesto Tánori, Ricardo Solís, Ramón I. Martínez, Manuel Parra, sino también importa la biografía de cada uno para acercarse a la interpretación que mucho debe a la hermenéutica analógica de Mauricio Beuchot.

A propósito de Ricardo Solís, nos dice Álex: “Lo conocí en Hermosillo, México, en la Universidad de Sonora, más concretamente en la Escuela de Letras y Lingüística, donde yo estudiaba y él merodeaba. Fueron años de novedad, de descubrimiento y de una absoluta libertad, al menos así lo recuerdo.” (p. 59) Es irónico el supuesto merodeo de Ricardo, pues aunque era un alumno poco disciplinado, era y es un lector ávido y sapiente. Pero ese merodeo no es exclusivo del señalado poeta, ensayista y narrador, pues los otros cinco poetas a su manera son también merodeadores de la vida, vehementes e insaciables a la hora de vivir.

Otro rasgo común a estos buenos salvajes es que son o han sido amigos del autor, a excepción de Bohórquez, a quién no tuvo oportunidad de conocer. Lo cual no es ningún demérito, pues Ramírez mismo pertenece a la estirpe o hermandad de los grandes poetas de Sonora.

Actualmente, el autor imparte clases en Penn State University. Desde aquellas gélidas regiones nos envía esta deliciosa invitación a acercarse a estos poetas que tienen por trasfondo el desierto común y ser varios de ellos trasterrados como el propio autor. Resulta también irónico que el autor siendo un hijo del desierto de Sonora se haya trasplantado de manera tan exitosa a las regiones nevadas.

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