Bochinches y Conjuros Shakespirianos

Astrid Arellano

Una vela encendida ilumina el rostro de dos brujas arrodilladas frente a algo que sus ojos no pueden creer. Su hechizo, el que varios favores les costó cobrar, funcionó. Y ahora, en una regresión, contarán la cómica historia que las llevó hasta allí, mientras son perseguidas por crear otras pócimas de resultados poco menos graciosos, o más bien, bastante trágicos.

“Bochinches y Conjuros Shakespirianos” es la obra de teatro cabaret que llegó al tercer festival nacional “Las Lunas de Urano, Shakespeare en el Desierto”, en Hermosillo, donde el patio de AndamioSteatro, su compañía gestora, se convirtió mágicamente en Verona, Escocia, Dinamarca e Inglaterra a la vez.

Rosmerta y Mórrigan, son dos hechiceras que, cumpliendo los deseos de algunos de los personajes creados por William Shakespeare, se ven involucradas en sus tragedias, al proveerles las pociones o venenos cuyos resultados son bien conocidos.

Julieta, Viola, Lady Macbeth y Gertrudis, son algunos de estos personajes que, de una u otra manera, relacionaron sus nombres con los de las brujas errantes, buscando su ayuda o sufriendo indirectamente las consecuencias de quien tomó la decisión de hacerlo.

Las brujas, sin embargo, sólo tienen un propósito: intercambiar favores por los ingredientes necesarios para traer de vuelta a Mirta, su hermana, quien se achicharró en medio de un conjuro y su alma quedó confinada en una muñeca vudú, hecha de trapo.

Sangre de reyes, carne de amantes puros, aliento de vírgenes y huesos de inocentes, son el centro de su próxima brujería, para regresar a Mirta al plano terrenal.

Las Hijas de Safo es la compañía de teatro cabaret, originaria de la Ciudad de México, que escribió y montó esta obra que podría parecer seria y terrorífica, pero que, en realidad, es una puesta en escena cómica, cargada de música, bromas y adivinaciones, y que logra crear a tres personajes ficticios -no incluidos en los textos originales del Bardo de Avón- para contar los chismes de los que se enteraron en sus vidas eternas.

Las actrices Isabel Almeida -quien, a su vez, es la directora- y Gabriela Gallardo -quien escribió el texto- con la ingeniería de un par de vestuarios harapientos y un improvisado puesto de mercado hecho de telas, cuerdas y fierros, logran dar vida a varios personajes que transitan frente al enorme caldero que hacen burbujear entre sus propias inhalaciones y exhalaciones, movimientos de danzas extrañas, ojos saltones y conjuros en latín.

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Al término de la función, se conversó con la compañía en este espacio que AndamioSteatro ha construido a lo largo de sus ocho años de existencia, para eliminar la barrera entre ejecutantes y sus públicos, donde la conversación fuera de la dinámica teatral siempre es posible y la oportunidad de preguntar está disponible.

El público es quien entrevista

“El carácter lleva a la acción”, dijo Isabel sobre sus motivaciones para escribir esta obra, “la mayoría de los personajes de Shakespeare -dependiendo de la obra-, muestran que deciden cosas y, por eso que deciden, les pasan otras… no es el destino, ni que son víctimas fortuitas, sino que todo el tiempo toman decisiones.

Entonces, nuestro discurso en común fue jugar con estas brujas que son el puente entre lo que alguien desea y la capacidad de lograrlo, pero quien lo desea, va a buscarlo; es decir, las brujas son responsables de hacer los venenos, pero hay alguien que va y se los pide y alguien más que se los toma; queríamos trabajar en ese discurso de que cada quien decide y obtiene lo que decide”, dijo la directora.

Las Hijas de Safo inició como una compañía mixta hace alrededor de 13 años, explicó Gabriela, sin embargo, con el tiempo se fueron depurando sus integrantes por tener objetivos distintos y hoy son sólo tres mujeres, con diez años juntas.

La tercera integrante de la compañía, Brissia Yeber, quien justo interpreta a Rosmerta y que fue sustituida en esta ocasión por Isabel, se encontraba en la Ciudad de México para presentar su unipersonal, producto de una beca obtenida a través del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca).

“Es difícil dirigir y luego actuar la obra, porque todo lo que les dijiste a los actores, luego se te olvida y tienes que crear de nuevo”, rió Isabel, “y, normalmente, así le hacemos todas; aunque yo dirijo, todas nos estamos viendo, nos estamos ayudando y nos estamos sugiriendo cosas, somos un grupo que ya tiene diez años y que ya tiene un lenguaje en común”.

La dirección que Las Hijas de Safo hacen, se basa -justo como en esta obra- en la toma de decisiones, pero siempre juntas, en equipo.

“Trabajamos mucho para tener una metodología cabaretera de investigación, de trabajo de mesa, de tener un discurso y lo fuimos conjuntando con nuestra escuela de actuación”, explicó Gabriela, “siempre queremos que sea más riguroso que la idea de sólo decir un chiste y le metemos un poco de exigencia actoral en cada proyecto”.

Entre el público, alguien que se identificó como artista plástica, comentó: “Visualmente, está muy equilibrado su trabajo, hay una composición escénica visual y una paleta de colores muy interesante, además de la forma en la que se adaptan a distintos espacios”.

A lo que Isabel respondió: “Lo diseñó Paola Rendón -chulada de escenógrafa- que, por cierto, ahorita está en el Circo del Sol, ¡maldita!”, ríe, “pero trabajamos a distancia, ella está en Playa del Carmen con el Circo y ella hizo el diseño, también tenemos cerca a una amiga que es actriz y realizadora de vestuario y que hizo toda la ingeniería de los trapos”.

Y luego, para cerrar, alguien más hizo la pregunta obligada: ¿Cuál es el origen del nombre de la compañía?

“Safo, es la primera poetisa mujer y nos interesó mucho su trajo”, concluyó Isabel, “y pensamos que, si ella fuera nuestra madre, estaría muy orgullosa de nosotras”.

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El tercer festival nacional “Las Lunas de Urano, Shakespeare en el Desierto”, continúa con presentaciones teatrales del 12 al 19 de octubre, para mayores informes sobre la programación, visite su página de Facebook.

Este festival es apoyado por el Programa de Fomento y Coinversiones Culturales del Fondo Nacional para la Cultura y Las Artes (Fonca) y por Festivales Artísticos y Culturales de Sonora, del Instituto Sonorense de Cultura (ISC).

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