Balam Rodrigo es capaz de hacer hablar al silencio

Balam Rodrigo en la presentación del Libro de los centroamericanos muertos

L. Carlos Sánchez

Tuxtla Gutiérrez.- La poesía es una suerte de filosofía y es una suerte también de visión del mundo, concluye Andrés Fábregas, quien advierte que es antropólogo y no crítico literario: Pero soy lector de poesía, me gusta mucho no solo por el gusto de regodearme en el guion, sino porque la poesía es el gran laboratorio de la palabra…

Es la Feria Internacional del Libro UNICACH 2018. Es Chiapas, tierra donde nació el poeta Balam Rodrigo, el joven de la más constante pronunciación.

Es la presentación del Libro centroamericano de los muertos, Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2018 de la autoría de Balam.

Andrés Fábregas retoma los caminos de la presentación, y enuncia:

… y aunque la palabra laboratorio suene un poco mal en términos de poesía, lo que quiero decir es que la poesía nos permite innovar, y le permite al poeta un acto de creación realmente importante en sus repercusiones para los sistemas de comunicación del ser humano, la poesía es también un sistema de pensamiento. Y así leí el libro de Balam y escribí esto:

Prosa poética. Aunque pudiera opinarse que toda narrativa es poética, en Balam Rodrigo la poesía es narrativa, como diría el escritor catalán Alejandro Palomas. Yo digo que es etnografía poética o poesía etnográfica, aunque me gusta más el primer término. Lo importante es que Balam Rodrigo crea un lenguaje y ello no es cosa menor, no es un estilo, dije, sino que crea un lenguaje, por eso atrae su poesía, encierra un torrente emocional que culmina en creación.

En los textos de Balam Rodrigo, cada palabra encaja en un modelo expresivo que conduce al lenguaje a su máxima expresión, a su más alta capacidad como instrumento de la cultura. Es tan profundo el sentido humano, la envoltura de la poesía de Balam Rodrigo, que es capaz de hacer hablar al silencio.

Los caminantes que describe Balam Rodrigo proceden de un tiempo largo, profundo, repetido, es una historia que aún no termina y que portan millones de muertos y de vivos, caminan en un continente de palabras de sangre, buscan la felicidad que nunca llega, por eso no existe el día ni la noche para estos peregrinos, solo caminan y en su caminar cruzan sociedades frías como las describe la poesía de Balam. (Fin de la lectura de Fábregas).

Recuperar la memoria

Este antecedente da pie para el desenvolvimiento de los motivos del poeta, sus argumentos de la construcción del Libro centroamericano de los muertos.

Dice Balam: Mi padre que se dedicaba a vender en la calle, quien sus últimos diez años los hizo vendiendo en Guatemala, porque en 1994 el peso cae estrepitosamente y el quetzal se fortaleció. Para quienes vendíamos en la calle que es caso de mi papá, mis hermanos y yo, nos convenía ir de Tapachula a vender todos los días a Guatemala a vender a la calle porque con lo que ganábamos recuperábamos la inversión y con la ganancia extra compraba uno de comer en Guatemala que era más barato, entonces todos los días era un ir y venir.

Ese tránsito transfronterizo fue dejándome varias lecciones. Antes de que mi padre falleciera, él me dijo: Mira hijo, he leído todos tus libros pero casi no entiendo nada. Él estaba buscando unos poemas de mi libro Marabunta que yo había leído, cuando eran inéditos, en un centro cultural independiente en Tapachula. Y me dice mi papá: Fíjate que hay unos poemas que escribiste de cuando vamos a la frontera, a Guatemala, de la Mara, de cuando nos quisieron asaltar. Esos poemas me gustaron porque ahí escribiste así como hablamos, como somos.

Eso me dio una lección tremenda, y entonces me di cuenta de que tenía que continuar ese proyecto que había iniciado en el 2003. Mi padre fallece después de esto que me comentó, le dije papá están inéditos estos poemas y los he dejado al margen porque estoy metido en la escritura de otros libros. Cuando él fallece me doy  la tarea de que en la memoria de él, y para recuperar a las y los centroamericanos que vivieron en nuestra casa, de cuando mis padres les dieron refugio a más de trescientos centroamericanos a lo largo de más de una década. Vivíamos en Villa de Comaltitlán, frente a las vías del tren, y luego en Tapachula donde también ayudamos a mucha gente centroamericana, como nuestros iguales.

Recuperar esa memoria, de esa frontera de la que se habla tanto se dice tanto, se escribe tan poco, y decir también que he leído varios de los libros y artículos que han escrito el Dr. Andrés Fábregas y muchos otros investigadores, desde la antropología, la sociología, la politología, han tratado el tema de la frontera, de estos mundos. Pero me di cuenta también que no se había escrito poesía desde la frontera sur, escrita por un escritor que la habitara, que viviera ahí y que hablara in situ de esta situación por la que pasan los migrantes.

Así inició Marabunta, y lo que no logré en Marabunta quise resolverlo en el Libro de los centroamericanos muertos, el tercer número de la trilogía sería un libro de ensayo, porque sucede que líricamente esto que intenté en el Libro centroamericano de los muertos y Marabunta, y dije, bueno, tengo que hacer una honda reflexión desde la poesía, lo literario, sobre esta frontera sur.

Dice Balam Rodrigo que el Libro centroamericano de los muertos es el primer libro que escribió en su regreso a Chiapas, que Marabunta lo escribió en Guatemala cuando iba a trabajar con su papá. Y este segundo libro lo escribí por entero en el barrio de María Auxiliadora de San Cristóbal de las Casas en mi regreso a Chiapas, dije, no puedo escribir de Centroamérica si no estoy en Centroamérica.

No tenía claro cómo iba a vertebrarse el libro y volví a releer a Fray Bartolomé de las Casas, porque recordé que ya alguien había escrito hace mucho tiempo antes que yo sobre esta situación del genocidio que sucede con los migrantes y los varios genocidios que tenemos en los cuales parecería que competimos en Centroamérica para ver quién tiene el peor genocidio en sus tierras.

Luego Balam Rodrigo concentra la mirada en sus versos, esos que construyen la narrativa de la crueldad. A intervalos el poeta cuenta anécdotas, la convivencia con los desposeídos, los muertos que alberga en las páginas de su libro, del cual comparte la lectura de algunos poemas con el público.

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