Apuntes sobre la noche del sábado: Diálogos entorno a la Revolución Soviética

Michel Axel

Mientras algunos transeúntes se daban cita en los bares del rededor, corazón y arterias del centro de la ciudad, acá en la casona morada, albergue de letras e ideas, nos reuníamos para recordar aquella revolución de octubre de 1917. Abarcando toda la esquina, custodiada por el cerro de la campana y vigilada por la estatua de Abigael, Hypatia es el nombre de la librería, -por aquello de hacerle honores a la filósofa de Alejandría-.

Se comienza discutiendo las claves de la victoria, la respuesta la da el Dr. Lorenzana: participación ciudadana masiva, se necesita eso y la situación propicia para ganar una revolución, en este caso era guerra y hambre era el contexto social de la época. El maestro de historia comparte mesa con Paco Rascón, quien a través del formato de entrevista provoca el diálogo y aterrizan entrambos las ideas.

Pero por qué se reúnen quince personas para hablar de un acontecimiento 101 años después. Pensarlo así de primera instancia sería erróneo; precisamente lo pertinente reside en su vigencia, y así lo hicieron ver los expositores trayendo a la actualidad aquellas crisis por las que el pueblo ruso luchó entonces y que, aunque modificadas por los años, siguen a la orden del día, para terminar la mesa recogiendo las repercusiones del evento que sacudió el Siglo XX.

Luego la charla subió de intensidad como suele subir cuando se nombran las palabras socialismo, comunismo y política. Por una parte, el ingenio de aprovechar una guerra imperialista para convertirla en una guerra civil, y la voluntad de lucha. Por otro lado, la institucionalización del poder, el Partido vuelto Estado, el fetichismo en la burocracia: cerdos caminando en dos patas diría George Orwell.

Bajo la premisa de que seguimos inmersos en el capitalismo, sufrimos hoy la pobreza por expropiación mediante minerías y vemos el reflejo de las crisis en la migración: no hay mejor adoctrinamiento que lo que nos está pasando, se dijo. Estamos en un sistema democrático-burgués y la historia no se repite sino que permanece.

A pesar de lo imposible que puede resultar darle la vuelta a un tema que abarca más de cien años, una hora con cuarenta minutos pareció suficiente para reflexionar los avatares de la historia y cuestionarse desde un ejercicio crítico pues esta es la finalidad de los Diálogos en sus diferentes ediciones: reunir a curiosos, interesados en el mismo tema y ahora sí que desempolvar la mayéutica.

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