Alegranza

muertos de la alegría mojándose las patas y los pantalones

Luis Álvarez Beltrán

… y los gorriones rojos y las sonrisas sueltas, la voz de ratoncitos de las niñas hablando, las trenzas de muñeca, hoyuelo en las mejillas, el olor a trapeador de aceite y el aroma de las tortillas de harina recién hechas y del café tostado, el cabello castaño, lacio, largo, de la chica de los ojos verde tornasol o cafés tornasol y las bicicletas del verano y las escapadas a las pilas, los chapuzones debajo de los eucaliptos y el viento de las cinco, los trigales, las higueras, el polvo terregoso, el lodo entre los dedos y el short a la antigüita  confeccionado a rajatabla en la máquina de coser de mi mamá, y el pecho delgado sin la camiseta puesta y las huellas de la viruela en la costilla izquierda, el cuello colorado de sol y el bigote incipiente y dorado de los once años… y los hielitos de tamarindo de Doña Mariana y los duros con salsa del viejo y la carreta, las porterías de piedra en medio de la cuadra y las pipas del ayuntamiento pasando a refrescar el polvo con el regadillo y los chicos correteando el chorro de la pipa escapando, muertos de la alegría mojándose las patas y los pantalones y la cintariza que les van a poner en sus casas al llegar tarde a la cena… y las tareas desveladas y el lápiz dormido tomado de la mano, así erguido y la hoja rayoneada y la plana incompleta y chueca… los ojos de risa de la niña pecosa y los ojos expresivos de la chica de lentes, el suspiro que infla los pulmones y el corazón retumba cuando llega la dueña de las horas, la de la mirada dominante, la coqueta con su poderío, la que hace bailar de mariposas la panza, y las ciencias sociales y las naturales, que si Darwin, que si Newton, que si Cristóforo Colombo y Américo Vespusio, que si el Plan de San Luis, el de Ayala, el de Agua Prieta, que la Triple Alianza y que la Triple Entente, y yo la volteo a ver y ella me devuelve la mirada y me descubre que la estoy mirando y me avergüenzo, me pongo colorado, me agacho, y la maestra no se ha dado cuenta que, sí, yo vengo a las clases pero como si viniera a verla a ella, nomás, y a jugar futbol a la hora del recreo contra el otro cuarto o contra los grandotes de quinto o como refuerzo del equipo de quinto para jugarle a los de sexto grado, me sudan y me huelen los pies y lo guardo en secreto para que nadie se dé cuenta, para que ella no vaya a sospechar… las cuatro estaciones del año son de lo más fácil del mundo: invierno por enero y diciembre, por el frío que me impide bañarme, primavera porque marzo y abril, las flores y los colores vivos, verano porque junio y julio y ahí he nacido yo, en el corazón del calendario, el día más largo y más caliente del año, cuando se acabe el mundo, cuando llegue su fin, va a ser por llamas y calor, un día de mi cumpleaños, una vez lo soñé; otoño por octubre nomás y por las canciones de Raphael, de Joselito, por las hojas caídas y los pasos sonoros debajo de los árboles de hombres melancólicos que fuman con estilo, visten de gabardina y portan una bufanda y por las mujeres hermosas del cine francés, abrigadas y con el rostro enamorado de hombres-dioses que fuman con estilo y que la pantalla mitifica para que nosotros idealicemos al amor, a la vida y a Europa inequívocamente, e invierno otra vez por diciembre, por la Navidad, por los regalos y las vacaciones, los chamacos jugando todo el santo día en las calles del barrio y las familias reunidas durante la Noche Buena y todo mundo estrenando ropas nuevas y todos bañados al mismo tiempo, cosa no vista en todo el año y la gente loca con los tamales, el menudo, los buñuelos, el pavo y tanto no sé qué y a mí lo único que me gusta son los dulces, las paletas, los chicles, chocolates, galletas, panecitos, pasteles, sodas, de todo lo que contenga azúcar… pero en el examen hay que sacarse diez o nueve u ocho, eso sube el autoestima, las niñas me creen inteligente, los chamacos también, los maestros también, pero soy flojo para las tareas y la memoria me sirve para los datos del futbol, me grabo la tabla de posiciones de la primera división y los juegos que va a haber en la semana, la tabla de goleo individual, Cabinho, Hugo Sánchez,  en qué lugar van los Pumas de la UNAM, o todo acerca del mundial de futbol España 82, México no participa, los eliminó El Salvador y Honduras en el Premundial en Tegucigalpa, un mundial de futbol sin la selección mexicana, qué tristeza, pero si van a hacer lo mismo que en Argentina 1978 mejor así, que no participen, qué vergüenza, hasta Túnez nos ganó, y luego ahora en España donde se habla español españolla Madre Patria y no valió ni tener a Hugo Sánchez en la delantera, a Tomás Boy, Víctor Rangel, Alfredo Tena y Cristóbal Ortega, todo se fue a la merd… y mi padre que se levanta cada día antes que salga el sol desde que lo conozco (a él, no al sol) y lo único que deja es el olor a café que se prepara y bebe antes de arrancar el pick up a por los albañiles y tomar carretera al este o al oeste, mi papá es un dios eterno, nació como en 1900 y se va a morir como el año 2000 y es el hombre más fuerte y más inteligente que existe aunque nomás llegó hasta sexto de primaria, también es el más guapo, eso lo dice mi mamá, y yo de grande quiero ser como él pero no quiero ser maestro constructor sino licenciado de algo, usar traje y corbata, zapatos bien boleados y qué tiene que sombrero como él pero no quiero que se me queme tanto la nariz como a él ni tampoco quiero tener como dieciocho hijos como él, nomás cuatro o cinco, tres hombres y dos mujeres, las mujeres sufren mucho en la vida porque hay pocos hombres buenos como mi padre y mucho menos hombres ricos como mi padre lo mereciera ser por tanto que trabaja pero aquí nunca nos faltan los frijoles con virote por la noche y hay veces que hasta les ponemos un pedacito de queso, una bolonia o una salchicha bien dorada o salsa roja porque dicen que los hombres fuertes siempre comen picante y comer chile te sirve para que te salgan músculos, gatos, en los brazos y así puedes ser bueno para trabajar y para los chingazos, y si comes cebolla o te la untas encima de los labios dicen que te sale un bigote fino y grande pero a mí no me gusta ni el chile ni la cebolla y no sé si voy a tener bigote o si me van a salir gatos en los brazos porque lo único que me gusta son los dulces y las tortillas de harina recién hechas untadas con mantequilla y granitos de azúcar por de arriba, las envuelvo así calientitas recién hechas, la mantequilla redetida y los granos de azúcar espolvoreados y me como una y me como dos y me como tres y luego mi amá me da un manazo en el costado porque dice que como pura azúcar y luego no quiero comer comida; mi mamá tiene la mano fuerte como mano de metate, de niña ordeñaba vacas en un rancho de Canelas, Durango que se llama El Tablón del que siempre platica y cuando se enoja con nosotros porque somos unos demonios incontrolables siempre nos dice que se va a largar a su rancho de Durango y que nunca la vamos a volver porque somos unos ‘hijos de su mal dormir’, entonces sabemos que no debemos andar muy cerca de su alcance porque mi madre tiene la mano y el puño como fierros y cuando pega duele como patada de mula porque de niña la ponían a partir leña y a acarrear cántaros de agua desde el pozo hasta su casa y a los diez años bajaba al pueblo a vender elotes en una carreta jalada por burros junto a su tata Rafael a quien ella le decía ‘mi apá Rafai’ porque mi madre se quedó entre la analfabetización y las muchas ganas de vivir la vida y desde niña ella dijo que quería tener doce hijos y no se estuvo en paz hasta que lo consiguió y yo soy el octavo de ellos y aunque no estoy muy completo siento que no me fue tan mal… de manera que en mi casa solo hay una televisión en blanco y negro, hasta eso más o menos grande, está sobre el ropero viejo y macizo de la ropa y de los documentos importantes que yo no sé cuales son porque a mí no me han sacado el acta de nacimiento y sólo sé que me llamo Luis Fernando y no Gringo porque así me nombran en las listas de asistencia del salón de clases, la televisión está en el cuarto donde dormimos todos los hermanos amontonados en dos camas unidas, mi papá y mi mamá duermen y platican en el cuarto de al lado y con ellos duerme el más pequeño de nosotros pero ya también nos lo están mandando para acá, pero ya no cabemos, porque ya habla y camina y travesea y puede platicar y pobrecito siempre le estamos diciendo que se calle y nunca contestamos sus preguntas, creo que está creciendo sin saber bada de nada, crecer es un oficio triste dice Santiago Roncagliolo y a veces pienso en eso cuando veo a mi hermano más chico tratando de saber y sin tener respuestas, pero al mismo tiempo yo creo que no, que a medida que crezco yo me la paso bomba, todo el maldito día pateo la pelota, alego con mis amigos, escucho charras que entiendo o que no entiendo, me destornillo de la risa, los sábados voy y juego futbol en los campitos de La Deportiva, por las tardes voy a la doctrina y aprendo rezos, historias de la Biblia, lecciones y creo que Dios se pone de mi lado cuando me porto bien, cuando voy a misa, cuando voy al catecismo, eso es lo que me hacen sentir todos, eso es lo que ellos dicen y en casa se refleja, todos me miran bien, todos son buenos conmigo pero a veces se les olvida y uno que otro hermano mío de los mayores me pone una buena zurra nomás porque sí o porque les gano a la baraja porque soy bueno con los números o de repente se presenta la suerte, el caso es que les gano, me sonrío, no lo puedo evitar, y ellos creen que me burlo de ellos y que me la creo de muy listo y entonces me atascan un chingadazo y me pongo colorado y me ruedan las lágrimas y yo siempre pienso que no me burlo de ellos ni que me la creo de muy chingón sino que ellos siempre se me quedan viendo hasta que me hacen reír y con ese pretexto me pegan un chingazo y me hacen llorar, ya no quiero jugar porque no me gusta perder y no sé cómo hacerle porque me gusta jugar y en un juego no puedes jugar sin ganar o perder, tiene que ser una de las dos, pero si gano siempre me va peor, crecer es un oficio triste, tiene razón Santiago Roncagliolo… cuando se acerca el tiempo de la uva y el tiempo de calor primero mi tío y mi papá traen duraznos de los ranchos, cajas o baldes, bolsas o sacos, después traen uvas, muchas uvas verdes, moradas, amargas, dulces, grandes y chiquitas, después traen chabacanos, albericoques, higos, granadas, y mi mamá se pone contenta cuando le traen verdolagas, acelgas, quelites o berros porque a ella le gustan esas cosas pero a mí no, a mí sólo me gustan las cosas que saben dulces, las frutas dulces, jugosas, olorosas, también me gustan las piñas, los plátanos, los mangos y las fresas pero en ningún rancho cercano hay nada de eso, a mi madre lo que le gustan son las chirimoyas que comía en su niñez de Sinaloa y Durango y maldito sea si en mi larga existencia no llego a conocer las chirimoyas porque ya se me volvieron mitológicas de tanto que las mienta mi madre y yo no puedo figurarlas y por veces pienso si no estará hablando de las guanábanas o de las zarzamoras y nomás por eso yo debería estudiar en la universidad una carrera relacionada con el conocimiento de las chirimoyas porque ya siento que me voy a morir sin poder resolver el más grande misterio de mi vida… ese soy yo, me gusta una amiguita de la escuela y a ella le gusta otro y hay una amiguita de ella a la cual le gusto yo y ella no me gusta a mí y entonces me parece que el amor puede ser complicado pero no debo desesperarme porque apenas ando en los once años y todavía me falta terminar la primaria, cursar la secundaria y no reprobar dibujo técnico, la preparatoria que no sé ni qué es y la universidad para tener un buen trabajo, comprarme un carro y esperar a que una mujer hermosa se enamore de mi traje, mi corbata, mis zapatos boleados, mi carro, mi peinado de peluquería y no esta trasquilada horrenda que me pone mi madre cada tres o cuatro meses porque de dónde vamos a sacar dinero para mandar a la peluquería a seis – siete carajos chamacos al mismo tiempo, con lo caro que cuesta, y por eso mi amá elige  uno de esos domingos soleados calurosos para cortarnos el pelo a todos y nos deja como pelones de hospicio y no nos salva ni lo guapos que somos a decir de ella misma para quedar tan feos como los huérfanos que vienen en los circos trabajando colocando las carpas y los postes , porque entonces nos sienta, nos agarra con sus tijeras grandes, gruesas, que usa para la costureada porque mi amá también sabe hacer ropa en su máquina de coser y entonces nos corta el pelo tipo palapa de un lado medio obtuso con declive arbitraria y tipo militar muy indistintamente de forma que nosotros no sólo somos pobres sino que además lo parecemos, crecer es un oficio triste dice el grandioso Santiago Roncagliolo, ya lo verás cuando te toque a ti, cuando mamá nos corta el cabello, es un decir, a veces nos pica las orejas porque por fuerte que es mi madre tiene medio torpe el tacto o la estética no es lo suyo, y si nos corta un pedacito de oreja o nos pica el cuello o la cara con la punta del filo de sus tijeras, nos echa la culpa a nosotros porque dice que nos movemos y no lo debemos de hacer, y si de veras nos movemos nos pone un tijerazo con el metal en la cabeza y los pelos vuelan, se pegan en la cara y ahí se quedan entre mocos y lágrimas, cuando hacemos la fila para que madre nos corte el cabello nadie quiere ser el siguiente y el más chico que yo, o el más grande, sale corriendo en estampida y se escapa y no vuelve hasta muchas horas después, creyendo que se ha salvado de la trasquilada, ya mareado de hambre, y cuando vuelve no sólo no le dan comida sino que le ponen una buena tunda y le cortan el pelo con el estilo menos ortodoxo porque ya el día se hizo largo y las sombras tomaron el lugar que antes tuvo el sol y su candela amarilla y ardiente… ese soy yo, mis perros se llaman Carambola y Canapas y ambos son machos, muy machos, tan machos que no permiten más perros en el patio y tan amigos que siempre andan juntos y siempre platican entre ellos de sus cosas pero sin que nadie se dé cuenta porque lo que platican sólo les importa a ellos y ellos no se meten en lo que no les importa de los demás, nomás son perros y a eso se dedican… me gusta ver llover, me gusta que llueva cuando estoy en la escuela y me gusta que llueva cuando vuelvo de la escuela, me gusta que llueva por las tardes y los sábados y los domingos y me gusta que llueva en tiempo de calor y en el tiempo de frío para no salir y dormir calientito, me gusta que llueva porque significa que la vida continúa y porque son más los días que no llueve que los días que sí llueve y a mí me gustaría que fuera al revés porque cuando llueve todo mundo parece más alegre, sobre todo en verano porque por un rato se va el calor infernal que pone el suelo tan caliente que se queman los pies al caminar descalzos y el sol pega tan fuerte que se quema la piel y la gente se ataranta, se deshidrata, se desmaya, le sale sangre por las narices y algunos se enferman de diarrea y siempre salen alacranes y le pican a alguien, a mi hermana le picó uno y ya se andaba muriendo en la clínica del Seguro Social y a mí me pico uno hace algún tiempo, cuando tenía seis años, y me picó tres veces en un mismo momento, entre los dedos medios de la mano y me pusieron mucho ajo en las picaduras y me hicieron tomar leche no sé para qué pero sobre todo para que no me muriera, me temblaban los dedos de dolor, era un dolor electrizante, punzante, que muy poco a poco fue bajando pero luego de unos días aun sentía las punzadas y la inmovilidad de los dedos por el veneno de ese alacrán tan grande, lo vimos pero se nos escapó, en mi familia todos hemos sido picados por los alacranes pero no por las viudas negras ni las víboras, Dios nos libre, por eso rezamos los viernes la oración de los viernes, mi madre se la sabe desde que era una niña y es pecado no aprenderla y enseñarla a los demás, eso dice la oración, pero yo no me la sé y no se la he enseñado a nadie y creo que por eso vivo en pecado mortal, pero cada viernes que mi madre la dice la disfruto mucho porque es la oración más bonita que he escuchado en mi vida… mi hermano David se fugó de la casa cuando tenía trece años, desde entonces mi madre siempre anda triste y llorando porque no sabe nada de él, mi hermano se fue a los Estados Unidos a ganar dólares o se fue para México para agarrar un avión a Rumania porque está enamorado de Nadia Comaneci, la mejor gimnasta del mundo, y quiere conocerla y casarse con ella, pero mi hermano no sabe dónde queda la Ciudad de México, ni Rumania, ni sabe hablar rumano ni inglés ni nada y no tiene dinero ni ha terminado de estudiar la secundaria, de forma que mi papá tendrá que ir a buscarlo hasta encontrarlo y cuando lo encuentre y vengan de regreso y vayan llegando a la casa yo creo que le va a pegar unos buenos garrotazos o al menos lo va a intentar, pero David ya no se deja porque ya creció y dice que es todo un hombre pero nada le sale bien, pobrecito, siempre anda batallando… yo seguiré en la escuela y en la banda de guerra, voy a desfilar el 20 de noviembre y ella, la compañerita que me gusta, me va a ver tocando mi tambor y se acercará a mí y me dirá si le regalo uno de los adornos dorados de mi uniforme y yo con mucha pena le diré que no porque si hago eso mi madre se dará cuenta y me pondrá una buena zumba, pero a mi amiguita que me hace suspirar y temblar no le importará y me arrancará una de las bolitas de tela dorada que cuelgan en los hombros y brazos de mi uniforme de gala y con una de ellas se arrancarán algunas más y se desgarrará la camisa y cuando mi mamá la vea vale más que mis tímpanos estén listos y preparados para la regañiza y mi lomo también porque van a volar varazos, chicotazos y de todo, porque crecer es un oficio triste y Santiago Roncagliolo es un maldito genio… y los chistes de Disney, Tribilín, Pato Donald, Condorito, Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape, El Transas, Capulina, Mafalda en blanco y negro, La Pequeña Lulú, Lorenzo y Pepita, El Águila Solitaria y mi favorito Kalimán El Hombre Increíble, hijo de la Diosa Kali de la India, mi papá ha llenado la casa de enciclopedias y lee una serie que se llama Novelas Inmortales, mi padre es como un dios que lo sabe todo, cuando se llegan las ocho de la noche es sagrado el silencio porque es hora que mi padre ve noticias con Joaquín López Dóriga en el noticiero Siete Días y ahí hablan de la guerra Irán – Iraq y de los hidrocarburos, de una señora que se llama Margareth Thatcher y de un señor que se llama Ronald Reagan y ya no de Jimmy Carter y ya no del Shá de Irán, Rheza Palevi, sino del Ayatola Ruhola Khomeini que lo derrocó y hablan de algo que se llama América Latina que es una región muy pobre y a la cual pertenece México, nuestro país, y cuando la mencionan siempre pasan niños llorando, sufriendo hambre en ciudades tristes, feas y empobrecidas, también le llaman Tercer Mundo o ‘países en vías del desarrollo’, no me da buena espina; pero de lo que hablan más, mucho más, es del presidente José López Portillo y ahora cada vez más del candidato Miguel de la Madrid Hurtado, nosotros queremos mucho a nuestros presidentes porque en la televisión siempre se la pasan diciendo que hacen muchas cosas buenas por nosotros y son hombres tan grandes, tan poderosos, tan buenos, tan inteligentes, que saben de todo y hablan como expertos de todo, son como dioses de la patria que nos van a sacar adelante y cuando nosotros crezcamos ya nadie será pobre y si crecer es un oficio triste como dice el peruano Santiago Roncagliolo, al menos nos levantamos todas las mañanas con unas ganas locas de vivir, con unas ganas locas de vivir porque hay tanto por vivir, por conocer, por disfrutar, tantos dulces que comer todos los días y tantos chocolates, tantas galletas, tantos panecitos, tantas tortillas de harina con mantequilla y con azúcar aunque me digan que estoy loco, que nadie hace eso… y las lunas plateadas y los vientos silbantes y las campanadas del templo y el silbato del árbitro, las faldas escolares, los peinados perfectos, las risas de ratones de las chicas hablando, el llanto incontenible de alguien que se asustó, los gritos del recreo, el matinée del cine, las palomitas con chile y con limón, el gol de campanita, el primer uniforme de futbol ponérselo los siete días de la semana y dejarlo del asco, pasar a quinto año, medir uno sesenta, vestirse como grande, palpar como nace el bigote, jugar a las carreras y ganar, reírse a carcajadas, obtener un diploma, soñar y suspirar, soñar y suspirar, soñar y suspirar… cuando la vida venga trataré de estar listo para que no se vaya.

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