¿Acaso no todos buscamos un jardín, en medio de la gran metáfora que es el desierto para nosotros?

Foto: Juan Casanova

Kevin Ley

Ser o no serlo, o el arte de la crueldad bajo la mano de Shakespeare, se presentó en la Muestra Estatal de Teatro de Sonora por parte del Colectivo Independiente Punto Tres. Escrita y dirigida Rafael Evans, esta obra nos  narra la travesía de cuatro villanos de Shakespeare en busca de un jardín.

La obra tuvo presentación por primera vez en Las Lunas de Urano, y por segunda en ocasión en Se Busca un Teatro (SEBUT) en 2018 donde tuve la oportunidad de verla. Para los que no sepan, Se Busca un Teatro es un festival escénico de resignificación de la violencia que se lleva a cabo en Cd. Obregón, una ciudad sumamente violenta. SEBUT lleva teatro donde ocurrieron los asesinatos más memorables del año, es decir, donde hubo balas, habrá teatro.

Así, el 29 de mayo del 2014 matan a balazos a Tito “el torbellino” por la calle Guerrero en un restaurante de comida china llamado RED, y el 16 de abril del 2018 hubo teatro, justo a unos metros de ese lugar, en un parque sin luz. En ese momento vi una de las obras más potentes que he visto en mi vida. De pronto cuatro individuos entran en una van, se bajan y dicen una de las frases más icónicas de Shakespeare; “¿Cuándo volveremos a encontrarnos nuevamente las tres? ¿Alguna ocasión que truene y caigan rayos y centellas, o cuando llueva?”, y las brujas siguen hablando como el inicio de Macbeth. De tal forma que las tres brujas, son en verdad cuatro villanos en medio de un desierto, Lady Macbeth, Yago, Hamlet, Ricardo III buscan un jardín. ¿Acaso no todos buscamos un jardín, en medio de la gran metáfora que es el desierto para nosotros? Aquí el desierto no es otra cosa que un gran villano, que mata de hambre y sed y nos deja incesantemente agobiados por el sol y en el delirio.

Eso es Sonora, un desierto no solo para el arte, sino un desierto para la paz. Y sobre unos casquillos y la sangre de un cantante de narcocorridos hubo un teatro que nos habló de eso, de cuatro villanos que no eran del todo villanos, sino productos de su vida y de su tiempo. Lo insólito es esa visión en la que los villanos no son de cartón, sino hombres y mujeres de carne y hueso con pasiones y desencantos, con una vida que es la verdadera villana de toda historia. ¿Cómo explicar que no es mi mano la que jala el gatillo, sino que soy yo accionando mi mano que acciona el gatillo? Eso es Ser o no serlo, el arte de la crueldad bajo la mano de Shakespeare, con el gatillo en el dedo y disparando contra la conciencia del público. Pero también es un grito en medio del desierto, la voz desgarrada de Ofelia después de tanto callar, después de darle voz a su cuerpo acostumbrado a la objetivación y la obediencia. Es Hamlet en la desbordada locura, con una cabeza de cerdo en manos del actor y un olor repugnante. Es Romeo y Julieta con una escena magnifica donde por medio de una utilería tan boba como el romance de estos dos se preparan unos sándwiches llenos de harina.

Pero, Ser o no serlo fue más allá de la razón y se convirtió en la “locura” de Hamlet en la Muestra Estatal de Teatro. Un obra donde al no haber espacio para el acceso de la van,  por obvias razones, se convirtió en un escenario esquizofrénico lleno de llantas, tambos de aluminio y luces que bañaban el escenario de color rojo sangre. Cosas tan locas como una proyección de Yago que se fragmentaba por todo el escenario entre plano y plano, entre un cubo, la cara de Shakespeare colgando donde minutos después estaría Lady Macbeth haciendo un semidesnudo, con Ricardo III sobre el mismo cubo haciendo un baile free-style gritando “Mi reino por un caballo” mientras Hamlet y Yago tocaban con máscaras de caballo sobre los tambos de aluminio. Sí, es cierto, esta obra tuvo grandes errores actorales, cuestiones de dicción, de proyección al público, de temple de voz, es cierto. Pero también es cierto que es una obra que lo deja todo en el escenario, que enseña que el error teatral es profundamente auténtico y humano. En lo personal, yo no quiero ver una obra perfecta, yo quiero ver humanidad desbordada y desmedida en el escenario. Quiero que cada escena sea demasiado humana como para soportarla, que no me deje indemne. ¿Cómo le llamas a un beso? No es más que el intercambio de saliva entre dos humanos. En la obra Macbeth le escupe en la boca a Hamlet, y Hamlet a Yago. Entre las butacas la audiencia con cara de asco, murmurando lo repulsivo que esto es. De eso se trata el teatro, hacer una hipérbole de las cosas cotidianas, sacarlas de la naturalidad en la que viven, volverlas algo increíble y ajeno, y así sacarnos de la inercia de lo real.

Tres días después, los jueces dictaminan que Piara de Abemvs Teatro es la seleccionada para representar a Sonora en la etapa regional, con La fiebre del Oro de la Compañía Teatral del Norte como suplente. Durante la dictaminación, una de las jueces, Alejandra Serrano, expone un discurso sobre la difícil decisión que fue para el jurado dictaminar la obra ganadora y hasta ahí era todo muy bello, pero de pronto, Alejandra nos habla de una idea de utilizar una cuota de género para la  muestra de teatro, de que ninguna obra está escrita por mujeres, y solo una está dirigida por dos mujeres que es ¿Ya viste el agua que está llorando ai?, que en la obra de Galindo la única mujer que sale es para tener sexo y en la de Evans Julieta sea una “piruja”, cosa que me pareció curiosa, porque Sonora es un estado donde el patriarcado está inserto y hay un machismo latente que es más enfático que en otros estados, y si de algo se trata el teatro es de representar nuestra realidad. Si Galindo expone una mujer teniendo sexo y siendo objeto de otro es porque es nuestra realidad. Si Evans habla de Ofelia es porque la obediencia y el objeto erótico femenino es nuestra realidad. ¿Por qué se hablaría de algo falso, de algo lejano a nuestro contexto? Si de algo se trata el feminismo es de evidenciar, y ambas obras lo hacen desde su perspectiva y su posibilidad. Lo que no hace es imponer cuotas de genero para generar privilegios de un sexo sobre sobre otro solo por tu condición sexual, y lo que sí hace es empoderar para que tu género y sexo no sea ningún impedimento para que tu talento sea reconocido. Yo no quiero que ni mi madre ni mis hermanas ni mis amigas ni nadie triunfen por su sexo ni su género, sino por su genialidad humana, por su capacidad de creación capacidad de sobreponerse ante todo un sistema patriarcal. Quiero que el arte sea valorado únicamente por su calidad de arte, y no por suposiciones y conjeturas, no por falacias y sesgos de confirmación cognitiva. Quiero jueces con juicio y no prejuicios, que me den certeza que el que represente a Sonora en la Muestra Regional de Teatro realmente me represente. Quiero sentir que no hay privilegios sexuales, que no nos convertimos en villanos por nuestra vida y nuestro tiempo. Quiero que de pronto cuatro villanos en medio del desierto busquen un jardín y que de pronto, gracias al arte y no a lo políticamente correcto, lo encuentren, como lo encontré yo en Ser o no serlo, o el arte de la verdad bajo la mano de Shakespeare.

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