Cananea Roja, un libro de Alfonso Torúa Cienfuegos

Alfonso Torúa Cienfuegos. Foto: Juan Casanova

L.Carlos Sánchez

Cananea roja es un libro de la autoría de Alfonso Torúa Cienfuegos, investigador, maestro, escritor. En este libro se recoge la historia de la nota policiaca de los años veinte del siglo pasado.

En marco de la Feria del Libro de Hermosillo (FELIH), este libro se presentó en el espacio de Culturas Populares el sábado por la tarde. La convocatoria y su respuesta es la conclusión de que Sonora tiene lectores.

Acudieron a la presentación cananenses y no. La conversación se abrió y entre pregunta y respuesta los espectadores nos fuimos enterando de la historia de Cananea en los años veinte.

La violencia, los fenómenos naturales, los accidente, incendios, los personajes que hicieron la historia cotidiana. El loquito del barrio, la prostitución, los chinos y su presencia constante, el teatro aquel dentro de un barrio que desapareció bajo el fuego.

Torúa y su inseparable sombrero, viste de camisa y pantalón negros. Su voz ecuánime y su mirada serena están allí. Expone con la frente en alto. Desde la recordación de ese lugar de su entraña, donde ocurrió la infancia y juventud. Donde la vida se le reveló a través del paisaje sierreño y con la siempre presencia de los libros abiertos.

Torúa a manera de preámbulo cuenta cómo es que inició la escritura a manera de rescate de las notas que se publicaron en El Intruso, este diario cananense que por la publicación de este libro se nos presenta como un manual de estilo para el ejercicio del periodismo actual, este periodismo de moda tan ortodoxo, tan mecánico.

Alfonso cuenta los orígenes de Cananea roja:

–Yo estaba muy pequeño, tenía como cinco o seis años y en frente de la casa se paraba un carro Cheyene de aquellos años, que traía un logotipo cocodrilo con las sauces abiertas, vestido de frac y con chistera, casi, casi agarrando y el otro corriendo y me llamó mucho la atención, yo aún no sabía leer y le pregunté a uno de mis hermanos de qué se trataba eso, y me dijo que era el periódico El Intruso.

Yo tenía diez años cuando el periódico cerró, este periódico que se editó en Cananea de 1921 a 1969, y me acuerdo alguna vez haber visto a don Santiago Rivas quien era el editor del periódico, salir y entrar de la imprenta donde se hacía.

Pasaron muchos años y después en la hemeroteca de la Universidad de Sonora supe que allí estaba toda la colección de El Intruso, en ese momento a mí no me interesaba mucho, no tenía ningún tema, pero sí lo curioseaba, hojee algunos volúmenes. Hasta que hace poco, unos dos años, mi amigo José Delgado, de Cananea, me pasó un link para que pudiera consultar El Intruso en línea, de la Biblioteca Digital Cervantes, de la ciudad de México, entonces me di a la tarea de leerlo. Leí cerca de tres mil periódicos para hacer este trabajo.

Me llamó mucho la atención del editor del periódico, don Santiago Rivas, quien provenía de Nayarit, desde muy joven se dedicó a trabajar en diferentes oficios, como garrotero, pescador, hasta que en 1901 escuchó sobre la bonanza de Cananea y junto con unos amigos decidieron irse a Cananea. Don Santiago tuvo que vender su reloj para pagarle a un señor que con un caballo jalaba de una carreta y allí le trajo sus cuiltas, sus cosas. El señor del caballo aceptó bajo condición de que nadie se iba a subir a la carreta, salvo las cosas.

Cuando llegaron a Cananea le dijeron a don Santiago que allí hacía un frío endemoniado, y él les dijo: ¿Hay gente trabajando allá arriba? La respuesta fue que sí. Don Santiago dijo: Ah bueno si esa gente se aguanta, nosotros también. Don Santiago llegó a Cananea cuando no había casas, don Santiago escogió un arroyito para dormir allí esa noche, y al otro día se dio cuenta que el arroyito era del agua contaminada que echaban de la mina, entonces se fueron a dormir al bosque, con un fríazo tremendo, hacían una rueda gigante de leña, le prendían fuego y dormían en medio.

Don Santiago se empleó en la mina en la que duró dieciocho años trabajando en varios departamentos, y en 1918 cuando está acabando la guerra mundial hay despidos muy fuertes en la compañía, salió él y de ahí funda la imprenta de donde hace tarjetas, invitaciones, y en 1921 funda el periódico El Intruso.

Después llegaron las preguntas y respuestas, comentarios y felicitaciones. La reseña colectiva de un libro que propone el rescate de un estilo periodístico que describe, narra, de manera inteligente los acontecimientos de una ciudad emblemática del México y el mundo.

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